miércoles, 26 de septiembre de 2018

Una especie de guía de bolsillo para la vida

Las siguientes palabras son bastante obvias. Escribirlas solo es necesario dentro de un marco de propaganda cultural que ejerza algún tipo de régimen de dominación. Veamos:

Los únicos puntos de referencia valorativos que sabes que existen con certeza (porque los experimentas por ti mismo) son la salud y las emociones positivas de los seres vivos.

Por tanto, lo lógico es que estos constituyan la única guía que sigas a la hora de elegir motivos, ideas y acciones, en lugar de toda la propaganda alienante de referencias inventadas cuya existencia es únicamente abstracta (Dios, la patria, el mercado, el amor romántico, la ciencia positivista, el darwinismo social, el paradigma de la adaptación, el "deber", etc).

A corto, medio y largo plazo (a poder ser los tres a la vez), lo razonable (que solo puede serlo si parte desde un punto de referencia no ficticio) es buscar el estado de mayor salud y emociones positivas para ti y el conjunto de la población a través de dichos motivos, ideas y acciones. No existe excepción alguna que no provenga de un punto de vista arbitrario creado mediante el lenguaje y que no tenga un origen disfuncional o interesado. Lo cual puede provocar que pierdas de vista tus puntos de referencia innatos; que son, como ya digo, los que estarías siguiendo de no estar sometido a un régimen de dominación y alienación cultural, ya sea buscando el ambiente pertinente o transformándolo si es necesario.

Ojalá escribir esto fuera innecesario.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Un nuevo principio

Un curso nuevo se avecina. Y aunque este blog va a mantenerse en la inconstancia que lo caracteriza, no quiero dejar pasar la oportunidad de hacer otra declaración de intenciones.

Durante los últimos años, porque tocaba contrastar con la alegría despreocupada (o así lo recuerdo con una cada vez menos fidedigna memoria) que caracterizaba Matalascañas, me he volcado demasiado en tratar de argumentar contra las estupideces sociales a través de varias entradas. Véase la situación política, económica, mediática e incluso amorosa, por poner unos ejemplos. 

En paralelo, he intentado escribir una novela, aún en la fase de escaletado, pero que avanza bien. Y lo que he aprendido de mis personajes, y en general del enfoque que le quería dar para que me apeteciera realmente escribirla, es que no se puede vivir de cara a la estupidez, a la injusticia, a la propaganda, o a la "ciencia" justificadora de este estado de las cosas. Porque altera, da rabia y al final, no se consigue hacer gran cosa. Lo que realmente es necesario es encaminarse hacia propósitos positivos, e ir saltando de uno en uno los obstáculos absurdos de una sociedad que parece que no aprende nada, pero que igual sí lo hará si le damos algo de tiempo y nos centramos en hacer algo positivo por ella.

Por desgracia, el tiempo de reflexión y la concentración poco a poco se han dejado de lado bajo el poder de las redes sociales, con su información desestructurada y en pequeñas dosis. Los feeds de Twitter, Facebook y demás son pequeños refuerzos aleatorios que nos impiden centrarnos en una sola cosa, bajo un algoritmo del que no conocemos su criterio. No me extraña demasiado que los muros estén llenos de bilis y odio, ¿y quién no odiaría el mundo si cada día le bombardearan con mil voces a la vez reaccionarias, contradictorias e inconexas? Por eso, voy a seguir dando la turra desde aquí, en el añejo formato blog, y quien quiera, está invitado a leer (y a invitarme a leer), porque creo que dedicarle tiempo a algo, pero sobre todo a prestar una atención sostenida a la gente, no debería pasar de moda.

Así que esto es el nuevo principio. Con suerte, mientras tanto, ya a las puertas del último curso del grado de psicología, podré enfocarme en hacer algo realmente útil para mejorar la vida de los demás, sin determinismos rancios ni perspectivas adaptacionistas en lugar de transformadoras. Ya veremos. Por aquí simplemente soltaré lo que me pase por la cabeza y por delante, y eso incluirá lecturas y visionados variados, algún relato corto si mi disponibilidad de tiempo me lo permite, y, por supuesto, la posibilidad de chorriposts en el mejor peor estilo matalascañil.

¡Por aquí estaremos!

viernes, 25 de mayo de 2018

Tres principios

Para el día a día, para la vida en general: 

Ignorar la propaganda.

Ignorar la competición social, derivada de la propaganda. 

Ignorar el condicionamiento social, derivado de la competición social y de la propaganda.
 
Dicho queda. ¡No os metáis en líos, locuelos!

viernes, 18 de mayo de 2018

Abrazados a un alambre


En los años cincuenta, Harry Frederick Harlow realizó un experimento en el que separó a un mono bebé de su madre y lo metió en una jaula con dos "madres" sustitutas. Una de ellas, hecha de alambre, tenía un biberón que proporcionaba alimento. La otra estaba recubierta de felpa suave, pero sin biberón.

La hipótesis que ponía a prueba dicho experimento era ver si el apego maternal, como se teorizaba, se creaba en relación al alimento proporcionado, es decir, a la utilidad para la supervivencia. El mono bebé, no obstante, demostró que el apego es algo más que una conducta instrumental: cuando quería alimentarse, acudía al monigote de alambre, para pasaba el resto del tiempo con el muñeco de felpa

Al profesor Harlow no le importaban los monos. Preguntado sobre el asunto, respondió esto:
"The only thing I care about is whether a monkey will turn out a property I can publish. I don't have any love for them. Never have. I don't really like animals. I despise cats. I hate dogs. How could you like monkeys?"
Ahora, hipoteticemos nosotros.

El profesor Harlow, en su día, quizá fue un bebé que, como ese monete que se abrazaba a lo confortable, era capaz de valorar algo que no fuera el puro interés economicista. Quizá incluso fue capaz de desarrollar relaciones de apego recíproco, acercarse a aquello que le diera confort y seguridad, explorar el entorno divertido y fascinado y, sí, alimentarse para mantener el equilibrio de su organismo y volver a lo otro. 

En algún punto del camino, su brújula debió perderse. Quizás, poco a poco fue infectado por motivos e ideas que de alguna manera confirmaban lo que era habitual en el entorno y la sociedad en la que vivía: relaciones instrumentales, lucha egoísta por el interés propio, la supervivencia como sentido unívoco de la existencia, y, sobre todo, el enfoque en el peligro y no en la búsqueda de bienestar. Y entonces realizó este experimento, y tanto él como aquellos miembros de la comunidad científica que compartían su visión aprendieron algo.

Mientras tanto, las personas (y los monos bebé) que seguían en contacto con sus propias emociones, y que vivían (afortunadamente) ignorantes a la propaganda que trataba (y trata) de justificar una sociedad culturalmente individualista y competitiva, llevaban sabiéndolo desde hacía unos cuantos millones de años.

Lo preocupante no es que esto le pasara al profesor Harlow y a buena parte de los psicólogos de los años cincuenta.

Lo preocupante es que esto, si te pillan con la guardia baja, te pueda pasar a ti.

sábado, 7 de octubre de 2017

España y Cataluña no existen


Esperaba no tener que escribir algo tan obvio, pero veo que a la gente se le empieza a ir la cabeza y no es plan. 

España y Cataluña NO existen. Las etiquetas "catalán" o "español" no clasifican algo real. Son categorías abstractas que se usan para designar a los habitantes de una parcela arbitraria de tierra y que, en principio, se someten a una serie de leyes comunes por voluntad propia o por la represión a la que se ven sometidos por aquellos que acatan dichas leyes.

Podría alguien argumentar que existen para señalar identidades y formas culturales, pero ni con esas. Podéis nacer o vivir en cualquier parte del mundo y llegar a hablar y entender tanto el catalán como el castellano siempre que no tengáis una afasia en el área de Broca o de Wernicke, los centros cerebrales de la producción y la comprensión del habla en el cerebro humano. Igual que podéis participar en todas las tradiciones si contáis con las habilidades motoras pertinentes intactas.

Sois puñeteros homo sapiens, con diferencias genéticas insignificantes. Ni siquiera hace falta que nos vayamos a buscar un parentesco lejano en común, porque hay catalanes y españoles que llevan solo una o dos generaciones en cada uno de los territorios, así que cuando alguien menciona a “los p***s catalanes” o “los p***s españoles”, y recordando que lo están haciendo a conceptos arbitrarios que carecen de esencia propia; probablemente estén llegando al final a oídos de alguien que pertenecía al otro territorio hace escaso tiempo. De hecho, si un cretino del otro bando os ofende, eso no significa que el resto de individuos que de forma arbitraria comparten esa categoría en la que os habéis decidido fijar tengan las mismas propiedades de "cretinismo" que él. Es más, probablemente, por proximidad, la mayoría de la gente que en algún momento os haya jodido la vida habrá sido de vuestro propio lado de la línea imaginaria.

Dicho todo esto, si aún tenéis ganas de poner peros, recordad que la independencia o no de un territorio no separa físicamente dicha parcela de tierra del otro lado, ni prohíbe a nadie cruzar de un sitio a otro; a no ser que haya gente que lo impida en nombre de leyes ridículas, que por cierto no son reglas divinas, sino que las escribe alguien con intereses particulares. Pista: esos intereses particulares, a no ser que seáis personas montadas en el euro, no son los vuestros. Lo único que cambia sustancialmente, y que puede interesar a una persona de bolsillo modesto, es a qué instituciones va a tener que someterse mientras viva en dicho territorio, y cómo han decidido estas que se van a distribuir los recursos del lugar (incluyendo la opción de que se los lleven fuera).

Si las cosas fuesen de otra manera, y tantos unos como otros tuvierais derecho a decidir de forma directa sobre las leyes y decisiones colectivas, nada de esto importaría. Pero como (n)os han colado que elegir entre grupos sectarios cada cuatro años es el único impacto social que nos vamos a ganar en la vida, importa solo porque significa que vuestro destino en el futuro estará ligado al nivel de retraso mental y cultural que alcancen las élites económicas de vuestra parcela, que son las que finalmente tomarán todas las decisiones. 

Dicho lo cual, podéis seguir peleándoos con los del otro lado, sea por mantener vuestra identidad ficticia a salvo, sea para crearos una "nueva". Mientras, esa misma élite seguirá sentadita en su sillón preferido viendo como vosotros, la carne de cañón de un lado y de otro, os insultáis u os metéis de hostias (seáis civiles o guardias civiles) sin que se les caigan los dientes ni los anillos, que, si las cosas se ponen feas, se llevarán a otra parte. Casi que mejor podríais creeros Power Rangers, que al fin y al cabo los hay de muchos colores, y todos contentos.

Y ahora, como igual nos hemos puesto muy serios, ¡pasatiempo final! 

Coged la foto que encabeza esta entrada y, sin buscar ninguna referencia, delimitad los bordes de vuestro estado (o lo que queréis que sea vuestro estado). Pensad que a la que os desviéis un poco de lo real, estáis enviando a miles de personas al otro lado, ¿eh? Joder, pueden ser objeto de vuestro enfado o no al mismo tiempo. Los cretinos de Schrödinger. La solución, abajo.

¡Hala, a disfrutar!

Solución: Uníos por vuestros derechos colectivos. Ah, ¿creíais que hablaría del pasatiempo?