martes, 4 de julio de 2017

Flatshare, la webserie



Román y Raúl son dos compañeros de piso peculiares. El primero, un tipo cínico y que le encuentra pegas a todo, el segundo, un soñador enamoradizo y algo neurótico. Juntos protagonizan siete episodios de humor absurdo y metaficción.

Flatshare, creada por Rubén Tamayo, producida por La Vita Produce con Leticia Rodríguez, protagonizada por Alessio Rubio y Kike Torres. ¡El Terrat os la recomienda, pillastres!


"De dónde venimos", "Magret, champán, tarantellas y Barry White", "Extradiégesis" y "Cassidy", escritos y dirigidos por Rubén Tamayo. Con Viviana Comas como "la montadora".


"Bipolar", escrito por Ricard Oviedo, dirigido por Rubén Tamayo. Con Bruno Giraldo como "el payaso".


"S11x04", escrito por Rubén Tamayo, dirigido por... ¡eh! ¡Ese es el Capitán Barcelona!


"Román ya vivía aquí", escrito y dirigido por David Martínez Salguero. Con Bruno Giraldo y Silvia Sánchez.

Agradecimientos a todo el equipo técnico que se volcó en estos siete chapters y cuyo nombre aparece al final de cada uno de ellos junto a esa demencial banda sonora (si empiezo seguro que me dejo a alguien...), y a todo aquél que lo ha compartido.

¿Qué pasará a continuación? ¿Volverán nuestros intrépidos holgazanes a su piso compartido? El tiempo sabrá. ¡No os atiborréis a zumitos de piña mientras tanto!

domingo, 14 de mayo de 2017

Los años del 15-M (o de cuando conocimos la democracia)


Aunque finalmente se lo conociera como movimiento 15-M (tal vez porque los medios no querían tener que cuestionar el sistema en cada titular), el lema de la manifestación del 15 de mayo del (demasiado lejano) 2011 que dio comienzo a las acampadas era “¡Democracia real ya!”. Parece que en seis años nos hemos olvidado completamente de esto.

Se dice que el movimiento "maduró" y pasó a las instituciones. Pero Unidos Podemos no es el 15-M. No puede sustituirlo, porque es insustituible. El 15-M era una manera de despertar a la gente, hacer que se relacionara donde antes solo había plazas estériles creativa e intelectualmente; que hablara y tomara decisiones directas acerca de la política y acerca de las propias relaciones sociales. Era una "nueva" (porque no era en absoluto nueva, solo ocultada por la historia) manera de organizarse socialmente. 

No se trataba solo de descontento, sino de proposición. Quizá era un tanto caótico, es verdad. Quizá las asambleas duraban demasiado, y los debates se hacían interminables. Faltaba organización, y a pesar de ello, la comunicación entre las acampadas de diferentes ciudades, y entre todos vía redes sociales, era impresionante. Nunca la gente había estado tan conectada de verdad como entonces. Ese año viajamos al futuro durante unos pocos meses, para en los años siguientes regresar a las cavernas.

En Plaza Cataluña, ese lugar que ahora vuelve a servir para dar de comer a las palomas, se formaban debates espontáneos en los que podía participar cualquiera que pasara por ahí. Se hacían círculos de trabajo para debatir y luego ponerlo en común en la asamblea central. Había pancartas absolutamente creativas, con lemas de profundo sentido común que ni se leían antes ni se leen ahora. Y creo que esa plaza popular debería volver, y debería ser permanente. Debería haber un sitio donde poder acudir cuando estés solo, cuando quieras expresarte, donde puedas mostrar un descontento o una inquietud, un sitio donde la gente pueda manifestarse, proponer y crear. Un sitio donde cambiar las cosas.

Es evidente que una élite que vive al margen del pueblo, por mucho que entre gente que quiera cambiar las cosas, no puede representar a todo el pueblo ni saber lo que todo el mundo necesita. Se necesita un sistema de comunicación abajo-arriba, un sistema horizontal o como se lo quiera llamar. Eso solo un sistema asambleario puede conseguirlo. Un sistema de asambleas por barrio, por municipio, por provincia, por comunidad, que hago un uso sin represión ni censura de las redes sociales. Sería un primer paso hacia la democracia de verdad. Y es tan sencillo como reunirse en plazas con suficiente espacio. 

La política, aunque nos pueda la inercia, no debería ser la gestión de los intereses de una élite que manipula a los individuos para que discriminen de formas absolutamente arbitrarias todas las alternativas posibles. La política no es ver a Pablo Iglesias con americana. Podemos, inicialmente, parecía más un movimiento basado en círculos y en participación que un partido político. Y en el momento en que se convirtió en un partido más se corrompió de forma importante, porque la estructura de partidos corrompe por sí misma. Porque la política debería ser reunirse para hablar de los asuntos públicos. Dejarlo en manos de cuatro gatos no es la solución: el movimiento se vuelve rancio, presa de la conformidad social, y la gente se vuelve pasiva, a la espera, deja de tener protagonismo y se refugia bajo las faldas de “líderes fuertes” o “carismáticos”. Y eso nunca conduce ha conducido a nada bueno.

No se trata solo de superar la crisis (que tampoco la estamos superando), se trata de cambiar la sociedad en su conjunto. Y no es un capricho cualquiera. Es entender que este sistema no funciona. Y cuando funciona, es en base a la casualidad, en base a la formación de burbujas. Una burbuja que revienta cíclicamente, hasta que ha explotado quizá por última vez, por mucho que se empeñen en decir que dentro de mucho tiempo volveremos a la anormalidad anterior.

En un momento en el que la gente tiene miedo, y elige opciones radicales como Trump, o se conforma con sicarios de Merkel como Macron. En un momento en el que es absolutamente evidente que el sistema está corrupto hasta un nivel que hace seis años no teníamos ni idea, pero ni idea, de hasta qué punto llegaba. Después de todo lo que ha pasado, de todas las gilipolleces que han ocurrido desde entonces, quedarse en casa no es la solución. Ni esperar a que alguien nos salve la papeleta dentro de cuatro años, u ocho, o vete a saber cuándo.

Basta de depresión, basta de agachar la cabeza. En esa primera imagen había centenares de personas que estaban reclamando un sistema nuevo.

Somos muchos. Estamos dispersos. Eso puede volver a cambiar.

domingo, 7 de mayo de 2017

No mires al monstruo

Como en aquél especial de Halloween de los Simpson en el que Lisa utiliza una canción pegadiza para hacer que los habitantes de Springfield dejen de mirar a los monstruos gigantes que están destruyendo la ciudad, y que de esta forma se derrumben porque nadie les hace caso… Creo que este es un buen momento para hacerlo con la galería de homínidos que pueblan nuestro ridículo y espantoso sistema político y económico, y con aquellos medios de comunicación a su servicio.

Hacerles caso nos vuelve reactivos, denunciar que siguen robando mientras mantienen sus votos nos hace sentir más solos, y dejar en manos de los nuevos delegados de clase, que para adaptarse a años de retraso cultural se han rendido a las formas y vestimentas por defecto para no asustar, es un error. Es importante mostrar sus vergüenzas, salir a la calle, mostrar nuestro rechazo y votar a las opciones alternativas cuando se abra la puerta de la democracia, como siempre, un día cada cuatro años. Pero eso no basta, ni debería ser el centro de nuestra atención. 

Porque esta parodia de sociedad está muriendo lentamente y, cuando lo haga, entonces nos miraremos y preguntaremos: “¿y ahora qué?”. 

Y tenemos que conocer ese ahora qué. 

Por eso hay que darles la espalda, recuperar la capacidad cognitiva secuestrada por nuestra amígdala colectiva, y empezar a crear y construir. 

Y no construir algo para atacarles en su terreno de juego. Allí ellos dominan todos los flancos. Por supuesto, tener un pie en las instituciones es un paso necesario, pero al mismo tiempo es lo que, de alguna forma, nos mantiene sedados. Porque que Unidos Podemos haya aparecido tanto en los medios, y haya llegado hasta aquí, por mucho que les hayan echado mierda encima para que no ganen y se les tenga miedo, es porque les iba bien que existieran como forma de canalizar la indignación, y hacer que nos quedáramos expectantes y en casita viendo lo que ocurre a nivel parlamentario, con sus prehistóricas estructuras y su total falta de calidad intelectual y humana. 

Y el 15-M y sus incipientes propuestas, que eran realmente lo interesante y lo único que aseguraba el cambio hacia un sistema con debate abierto, público y asambleario (es decir, una democracia); lo único que nos movía realmente hacia otro modelo de sociedad que replanteara las relaciones humanas a todos los niveles (la política, la economía y los medios de comunicación son solo eso: formas de relacionarse), murió y se sustituyó por las intenciones de voto, los duelos de liderazgo y los tramabuses. 

Pero ahí fuera sigue habiendo un montón de gente capaz, preparada, con conocimientos y con voluntad. Y todo ese talento, toda esa energía, se debería canalizar en construir algo nuevo, interconectado y con sentido, y tiene que ocurrir YA. No esperar a dentro de cuatro años. No esperar a que la mayoría social pierda sus prejuicios y lo entienda.

Crear algo al margen, comprobando cada una de las hipótesis que se nos planteen, para que cuando todo se haya ido a la mierda, en vez de preguntarnos "y ahora qué", digamos:  “Esto es lo que podemos hacer”.

domingo, 30 de abril de 2017

Acerca de las relaciones "románticas"

Aprovechando ciertas experiencias recientes, creo que es un buen momento, como realmente lo es cualquier otro en este contexto de locura social, para plantearse cómo funcionan las relaciones emocionales, y cómo nuestra cultura y también nuestros miedos influyen en cómo las construimos.

Si tienes una relación sana, este post no te afecta a ti. Has encontrado a un amigo/amiga íntimo/a con quien, además, tienes relaciones sexuales. Enhorabuena. Espero que nos aconsejes, e igualmente nos acompañes, por estos cuatro apuntes sobre una de tantas convenciones culturales.

Primero: aunque por conveniencia se asocia el concepto de "amor" con la "atracción" y el “enamoramiento”, igual son cosas distintas.

Cuando hablamos de amor "en general”, solemos referirnos a un sentimiento de afecto y deseo de bienestar de la otra persona. Por otra parte, la atracción física es una expectativa de placer hedonista, mientras que el enamoramiento, o “pillarse” de alguien, aunque solía pensar que era una expectativa sostenida de placer y bienestar enfocada en otra persona, me da que tiene una explicación distinta.

Basándome en introspección (cuando me he “pillado” de alguien) y en un montón de casos cercanos y también lejanos, creo que suele aparecer cuando percibes que otro individuo puede reducir tu ansiedad, partiendo de una falta de "equilibrio vital" ya existente que determina la intensidad de la emoción. Ya sea real, ya sea por presión social y por la creencia de que se debe estar en una relación de pareja. Muchas relaciones empiezan así. Me gustaría creer, ya digo, que se empieza por la conexión emocional, pero esto es raro.

Esta capacidad para "rebajar tu ansiedad", "salvarte" o "completarte" la detectas, por ejemplo, cuando percibes cierta seguridad en la otra persona que te resulta atractiva, es decir, una capacidad “protectora”, o cuando esta muestra interés y “admiración” por su parte, haciéndote sentir valorado/a. Un rol y el otro son intercambiables, pero creo que todos sabemos hacia qué lado se decanta cada sexo. Este estereotipo podría deberse, especulando un poco, a diferencias hormonales (también dependientes de los hábitos físicos de cada individuo) o a una categorización social denigrante y de erosión de la autoestima para la mujer (vamos, el machismo).

Pero resumiendo, estas dos cosas no tienen en principio nada que ver con afecto y deseo de bienestar, si no que este surge, si lo hace, como un añadido, y muchas veces desaparece por completo cuando no se cumplen las expectativas egoístas. Por eso creo que deberíamos separarlo, ni que sea para que el concepto de “amor”, tan denigrado como el de “amistad” en la era de Facebook, tenga un poco de sentido de nuevo.

Una de esas definiciones tiene futuro, señor Anderson.
La otra no lo tiene.

De lo que aquí estamos hablando es de que ahora mismo, y está ocurriendo cerca de tu casa, la gente está decidiendo con quién quiere pasar la mayor parte de su tiempo en base a un criterio físico y conductual que no tiene NADA que ver con el bienestar mutuo. Si este bienestar ocurre, no es porque se haya seleccionado bien a la otra persona. Siempre será una “feliz casualidad” que será lo que sustente la relación, si lo hace, una vez pasado el juego de deseo, protección y admiración inicial.

Si lo analizamos según los criterios que debe tener un test psicológico, el que usan muchas personas en busca de pareja no tiene ni fiabilidad, ni validez, ni carácter métrico. Bueno… quizá lo último sí.

Segundo punto. Ya estamos dentro de nuestra feliz pareja formada en base al atractivo y la inseguridad. Hemos entrado en el territorio de la monogamia. Esto es: solo existe UNA pareja, solo puedes querer o sentirte atraído/a por UNA persona, por lo tanto, si tu pareja se interesa por otra persona, PUEDES PERDERLA. SOLO PUEDE QUEDAR UNO. Esta mentalidad origina los celos. Entra en juego, de nuevo, la ansiedad. Así que, si eres una persona ansiosa (recordemos, condición que propicia el enamoramiento) y además no confías en tu pareja (recordemos: no se ha elegido a la pareja en base a ítems de honestidad y empatía), puedes llegar a controlarle los mensajes, con quién va, cómo viste, etc. Si esa persona tiene interés, o decide acostarse con otra, SE ACABÓ TODO. Drama. Posible reconciliación, pero la cosa necesitará mucho trabajo y recuperar (o crear por primera vez) la confianza.

Todo el mundo entiende que puedes tener múltiples amistades, con mayor o menor profundidad, y que cada una de ellas no influye, a priori, en la otra. Esto, según la creencia monógama, ES IMPENSABLE. No, no. "Solo se quiere a una persona si la quieres de verdad" (me remito a la necesidad de reducir la ansiedad bajo la protección de una relación estable).

Y por todo esto, aparecen todas las disfuncionalidades de la pareja, alcanzando su extremo en la violencia, llámese doméstica o de género. Ésta normalmente está asociada al machismo. ¿Pero estamos seguros de que es el verdadero origen de las explosiones de violencia? ¿O lo es el juego enfermizo en el que las expectativas de la pareja colocan a individuos ya de por sí temperamentales? Por lo pronto, la violencia también se da en relaciones entre mujeres. Sin querer en ningún caso restar importancia a la lucha contra el machismo, creo que hay que plantearse esto también desde este punto de vista.

Tercer punto. Cómo afecta esto a las relaciones entre sexos. Las relaciones de pareja o las expectativas sexuales afectan a las relaciones genéricas entre hombres y mujeres. Crean una barrera y unos prejuicios absurdos. Los hombres son “el enemigo”, que solo van a hacerte caso si resultas atractiva y sumisa, y van a intentar dominarte. Las mujeres son “unas zorras”, que solo van a valorarte si le echas horas en el gimnasio y te comportas con dominancia y desinterés (en ocasiones real, y esto es lo más peligroso) hacia ellas. Pero, sobre todo, debes mostrarte atractivo/a o serás despreciado/a.

Hay una esquizofrenia inherente en el hecho de que vivamos en una sociedad donde se han liberado las relaciones entre hombres y mujeres de la estructuración clásica de pareja, es decir, donde existen las relaciones de amistad entre sexos, y la propia existencia de la pareja. Por ello a veces es tan absurdamente difícil establecer un equilibrio. Dentro de una amistad “sin derecho a roce” (y hace falta la etiqueta, porque parece ser que el sexo es la variable más importante en cualquier tipo de relación), se permite cualquier conducta menos la sexual. Si a mi amiga no le gustan las películas de Eddie Murphy, y no las quiere ver, no pasa nada. No creo que vaya a pensar que siempre ha habido un plan maestro para obligarla a ver la filmografía de Eddie Murphy, propósito escondido en todos los altruistas detalles, anulando la autenticidad de la amistad desde su mismo origen. Si por lo que sea, se sugiere la apetencia de relaciones sexuales, en ciertos casos pueden llegar a desatarse las siete plagas del apocalipsis. Está estipulado, por mandato divino, que las amistades, para serlo, deben ser “puras” (pero entonces, ¿el sexo es algo malvado?).

La cuestión es: ¿No sería mejor poner la presencia de sexo o no a la altura de la apetencia o no de ver la santa trilogía de Superdetective en Hollywood? Es decir, ¿no sería mejor partir de relaciones desinteresadas, carentes de miedo y dependencia pero igualmente capaces de ser profundas, y que el sexo sea un ingrediente que esté, o no?

No estoy proponiendo, para nada, la normatividad de la poligamia o quedarnos en el puro sexo instrumental y esporádico. Propongo, en todo caso, la extinción de la “gamia” en sí misma. Dentro de esa “extinción cultural”, las actualmente llamadas “parejas” sanas no se ven afectadas, y, obviamente, nadie se ve obligado nunca a tener más de un “amigo” si con una amistad profunda le basta. Sería el fin de la búsqueda de relaciones tal cual se conoce (quizá librándonos de bastante telebasura por el camino) y de las expectativas y la obligatoriedad de la norma, abriendo el modelo al diálogo, como de hecho ya empieza a ocurrir. Pero, para ello, deberíamos atacar el cuarto punto.

Cuarto: ¿cómo reducimos la búsqueda superficial y la ansiedad?

La guerra social nos obliga a decantarnos por la pareja como lugar de “refugio” donde aumentar la autoestima y la inseguridad en un entorno depredador. Haría falta, en primer lugar, cambiar las relaciones interpersonales a nivel global. Un entorno hostil, competitivo y basado en la imagen, como fomenta el modelo capitalista y los medios de comunicación en base a él, no ayuda en absoluto.

De alguna manera, hay un cierto paralelismo entre el capitalismo neoliberal, con toda la inseguridad, competición y necesidad de protegerse a toda costa y por uno mismo, con las relaciones monógamas. A veces creo que son el mismo juego: el depredador llega más alto, y se generan relaciones de dependencia entorno a él. Esto vuelve sobre el tema de la ansiedad: el miedo y la desconfianza a nivel social, fomentada cultural y sistémicamente, perpetua el desequilibrio individual y colectivo.

Por el momento, la reflexión es un primer paso.

Con todo esto, creo haber dado argumentos para que nos replanteemos qué estamos haciendo con nuestros corazoncitos. Estoy seguro de haberme equivocado en algo, o de haber generalizado alguna observación. Y he hablado poco de relaciones homosexuales por puro desconocimiento. Pero creo que, en general, la situación se está volviendo tan insostenible que hay que empezar a perder el miedo y reflexionar fuera de las estructuras de una cultura que es, en este y en muchos otros ámbitos, absurda y obsoleta.

domingo, 19 de marzo de 2017

Enfermedades de transmisión social

Una idea absurdamente sencilla me ha venido a la cabeza esta semana.

La conformidad social conduce al desastre. Siempre.

Es sistemático. Tienes unos planes, una brújula afinada acerca de lo que quieres hacer, de lo que toleras y lo que no, respetando (cuando dispones de suficiente capacidad cognitiva) el espacio de los demás pero siguiendo un camino propio y coherente.

Y al principio, todo va bien. Vas por la senda y aparece gente. Algunos son auténticos aliados que se quedarán para siempre. Otros están de paso, que también es normal. Y parece que las cosas fluyen, empiezas a divertirte, recibes buen feedback, y todo es fantástico.

Pero entonces, en la cresta de la ola, tiene lugar un fenómeno que siempre se repite.

Como las cosas van bien, lo confundes con que van solas. Empiezas a acomodarte, a distraerte con peticiones y "misiones secundarias" que crees que te puedes permitir. Total, el mundo está en orden y la gente es sensata, ¿verdad?

Obviamente, no. Y cuando te das cuenta, la época buena ha terminado, y estás inmerso en los proyectos sin rumbo de éstos, los conflictos del otro, las movidas mentales de esa y el maquiavélico plan de aquellos de allá (que, claramente, no disponen de suficiente capacidad cognitiva).

No es algo que ocurra de vez en cuando y por casualidad. Es sistemático.

Y dirás: "¿cómo ha podido ocurrir esto?". Y mirarás atrás, y recordarás la racha anterior, y lo simpático que parecía éste, lo bien que te lo pasaste con aquella, y que cómo puede ser que ahora lo único que queden sean conflictos y un leve recuerdo de que, por alguna razón, las cosas no tendrían por qué ser así.

Pero la verdad es que toda esa mierda que estás viendo ahora ya estaba ahí desde el principio. La sociedad en la que vives es un despropósito de hipótesis no contrastadas que siempre conducen al desastre pero que eh, dice ese señor importante que es así, y dicen tus amiguis que por supuesto, es así porque es así. Y las enfermedades de transmision social se expanden, y se contagian, y como has bajado la guardia, han atravesado tus defensas.

Y si tienes paciencia, en vez de contagiarte y contagiar a nadie más, entenderás lo que ha pasado.

Entenderás que lo que hizo que comenzara esa época no fue que el mundo estuviera en orden y que la mayoría de la gente que lo habita fuera sensata. Lo que hizo que fuera una buena época es que tenías unos planes, una brújula afinada acerca de lo que querías hacer, de lo que toleras y lo que no, que respeta el espacio de los demás pero que sigue un camino propio coherente, porque joder, para algo tienes cierta capacidad cognitiva.

Y que básicamente, si te sumerges mucho en "tu" sociedad, te va a contagiar su ideología.

Mantengamos las distancias con ésta y quizá consigamos llegar a algo.

Seguimos por aquí.

viernes, 1 de julio de 2016

Lo más básico que se puede decir sobre la política actual

Después de las elecciones del domingo he hecho varios intentos de escribir un post sobre el asunto y hasta ahora no había podido terminar ninguno. Todos arrancaban más o menos bien, explicando de forma razonada mi opinión de los resultados, la influencia de la campaña del fango de los medios y la (falta de) cultura sobre los programas electorales. Y aunque trataba de encaminarlos hacia un final positivo, algo que no dejase un poso amargo, todos hacia la mitad degeneraban en mala hostia.

Es difícil de evitar. Hablar de política, de economía o de medios de comunicación, con la base de la realidad por delante, es hablar del fracaso de la civilización y el triunfo de la cultura de la incultura. Cada día, abres un periódico, lees una noticia en internet o pones la tele y tienes únicamente ejemplos de la peor calaña de ser humano: seres egoístas, mezquinos, superficiales y tremendamente estúpidos; cuya única función es lograr la dominación sobre los demás con argumentos vacíos, calumnias, mentiras y cara, muchísima cara.

Ante tanta patraña, y ver que nadie se lleva las manos a la cabeza ni en platós, ni en tertulias, ni en la vida real; y que se acepta este status quo de sectas personalistas a las que votar cada cuatro años como si no fuera la cosa más subnormal del mundo, me entran tics a lo Frank Grimes, y tampoco quiero acabar como él. 

"¡Miradme! ¡Sigo votando a imbéciles esperando un cambio y que todo
nos vaya mejor, porque soy españAJDFJGJGGJGH!"

Por eso, he decidido escribir este post básico sobre política y ya está, lo dejo correr una temporada. En aras de no contaminarme y, por tanto, conservar la humanidad, el buen humor y la decencia, voy a desconectar de la realidad política a no ser que se me necesite para algo práctico: manifestarse, o votar, o lo que sea. Ya me documentaré entonces, por el momento paso de seguir ingiriendo veneno cada día sobre cosas que en el fondo ya sé. Pero antes de entrar en esta hibernación a la espera de que la sociedad madure, voy a escribir en las siguientes líneas el argumentario universal sobre el sistema electoral que seguro que me servirá para las próximas elecciones, y las siguientes, y las de más allá.

(Please, put your Obvious Glasses on)

Los resultados del domingo (insertar fecha que toque) no explican de forma clara qué es lo que quiere la gente. ¿Ha votado la gente "corrupción"? ¿Ha votado la gente "belleza"? ¿Se creen que el PP va a proteger a las clases medias y bajas, o que el PE sigue siendo socialista y obrero? No se sabe. Pero es precisamente de lo que se trata. El sentido del voto es ambiguo, o directamente carente de sentido. Igual han votado únicamente por miedo, o por tradición, o por castigar a otro, o porque yo soy español, español, español, y oé oé oé oé.

Ojalá encontráramos votantes que dijeran "las propuestas sobre todos estos temas del programa electoral me parecían las más lúcidas y razonadas por todas estas razones, en comparación con todas estas propuestas de todos los otros candidatos. Creo que la gente que se presentaba en las listas tiene buenas intenciones y la capacidad para llevar las propuestas a cabo, y por eso voté a este partido", que sería el único argumento válido para elegir el sentido del voto. ¿Cuánta gente oís a pie de urna que diga eso? Y lo más importante, ¿qué opina Fox Mulder al respecto?

El sentido del voto, al final, se está eligiendo según la puesta en escena de cada uno, las mentiras que te cuenten sobre el rival, el machismo alfa que desprendan y el tiempo de exposición que les den sus amigotes de los medios. Podríamos estar eligiendo perfectamente entre pavos reales. ¿Son las propuestas del programa electoral vinculantes? No. ¿Las conoce alguien? Bleh. Pero puedes votar igual, que eso nunca ha importado, ¿verdad? Elige el pavo real con la cola más larga. Elige el tío más bueno o la tía más buena de la discoteca. ¿Qué más da de lo que hable, qué más da cuáles sean sus intenciones, y siquiera si tiene en cuenta tus necesidades más allá de usar tu cuerpo para masturbarse? Tú relájate y disfruta.

(O, en el caso de la última breve legislatura, espera en la cama 
mientras deciden quién va a darte, cuántos a la vez y en qué orden)

Allá vamos de nuevo: este sistema es ridículo. "El poder reside en el pueblo", dice la Constitución al principio, en un teaser trailer cojonudo. La peli consiste en votar entre dos (ahora cuatro) packs de simios que se lanzan mierda entre ellos con propuestas que no te vas a leer ni obligan a nada, o recoger 500.000 firmas para llevar una petición al Congreso que no están obligados a debatir (y por tanto, no lo hacen). Eso, entiendo, en el 78 y con la dictadura detrás podía parecer revolucionario. Llamar a estas dos únicas, indirectas, difusas y en la práctica inútiles opciones "democracia" es un insulto a la inteligencia de cualquiera, a no ser que formes parte de los micus expendedores de heces.

Y sé que acabo de decir que el agua moja. Pero si esto ya lo sabe todo el mundo, ¿por qué seguimos con esta basura? ¿Por qué aún hay gente que considera que la política hay que dejarla en manos de la banda del patio que te robaba el bocadillo en el cole y olvidarse de todo? ¿Por qué van en contra de ellos mismos y de que puedan decidir de verdad, algo, alguna vez? ¿Tan malo sería que en vez de elegir entre machos cabríos, eligiéramos entre propuestas en debates sosegados, y que luego decidiéramos directamente sobre varias opciones en una papeleta tipo test? ¿Y que una vez decidido lo que se va a hacer se presentaran los candidatos para cumplir lo acordado, como se hace con cualquier adjudicación de obra o servicio?

Pero no va a ser así. No va a ser así, al menos no mientras puedan evitarlo, porque nos quieren ignorantes. Nos quieren eligiendo entre opciones dicotómicas, distantes, borrosas y en bloque, en base a simplificaciones e infantilismos. Y no va a cambiar porque la alternativa sería una democracia. Y sería tener que explicar algo de verdad, tener que defender ideas y no decirse entre ellos que tu padre es calvo y que tienes cara de moco y que me he enterado por uno al que le caes mal que has sido tú el que ha robado los tazos de Pokémon al de la clase de al lado, a la señu vas.

Por eso aquí seguimos, (insertar día post-elecciones), en el día de la marmota. Y hoy, Punxsutawney Phil, vidente de videntes, pronosticador de pronosticadores, se ha levantado y ha visto una sombra. La conclusión está clara.

"Cuatro años más de corrupción"

miércoles, 22 de junio de 2016

Unidos Pod... ¡Vengadores, reuníos!

Parecía que la izq... los Vengadores no iban a volver a reunirse jamás después de la guerra civ... La Civil War, pero míralos aquí. ¡Ya era hora, diablos!


Mientras tanto, Loki está muy enfadadito porque por culpa de ellos no pudo conquistar la Tierra en marzo :(

¡Pero votadle! ¡Es guapo! :D


Al mismo tiempo, Ultrón ya estaba harto de que no le dejaran hablar en esp... que no le dejaran moverse libremente, y ahora que lo ha conseguido está dispuesto a acometer la regeneración que tanto necesitamos.

Porque pedíais un cambio, ¿no?


Y aunque parezca que Ultrón y Loki no tienen nada que hacer contra los Vengatas, cuentan con un aliado que ha estado setenta años gobernando cara al so... En la sombra, en la sombra.

Ultrón jura que solo se aliará con ellos si reemplazan a su cabecilla. Pero ya sabéis lo que dicen... 


Corta una cabeza y otras dos ocuparán su lugar.

Que Odín nos pille confesados. Excelsior!

[En anteriores elecciones...]
La Chuckinada
La Urkelada
El Joc d'en Cèl·lula a Catalunya
Lluita a mort per la Terra!!
Catalunya Wars

jueves, 5 de mayo de 2016

Sucedió en Matalascañas

Mientras se preparan postecicos nuevos (paciencia, ¡este blog se llama así por algo!), os dejo con un recopilatorio temático de aquel blog llamado Matalascañas, que celebra hoy su décimo aniversario.

Matalascañas y sus derivados fueron una mirada excéntrica a un mundo pretencioso, con sus múltiples aciertos y por supuesto errores. ¡Sed testigos!

http://blog-of-m.blogspot.com.es/

Crónicas variadas

Abrazos Gratis en Barcelona: 

Reflexiones y tal:

Frases célebres:

Mundo Curioso:

Marvel Especial Navidad:

Thirty October Adventures:

Vídeos emblemáticos:

Super Smash Bros. MTLC:

La trilogía del palillo:

La guerra Visitante de Honor:

El ataque del Dr. Kawashima:

Maestros chamanes africanos:


Propaganda electoral:

Reseñas variadas:

Cortometrajes:

domingo, 21 de febrero de 2016

Sigo esperando lo imposible

Hace ya nueve años escribí este post. A veces tiro demasiado de nostalgia, pero creo que este, surgido de una época en la que solía guardarme para mí mis reflexiones en favor del humor absurdo, es especial. En él hablaba sobre el individualismo, el machismo y el capitalismo, sin usar esas etiquetas. Hablaba también de autenticidad y de apariencias. Era una época idealista, no porque soñara con algo imposible, sino porque no entendía el origen del conflicto y escribía desde una óptica de ensoñación, de “cruel broma del destino la que nos ha hecho ser así”, y que “ay, si algún día abriéramos todos los ojos a la vez…”.

No sabía muy bien por qué las cosas eran como eran, no sabía si era cuestión de tiempo que la mente colectiva avanzara hacia algo un poco más justo o es que quizá a mí se me escapaba algo que toda la sociedad sabía y era yo que no era capaz de comprenderlo por mi juventud. El tiempo pasó, y en mi intento de poner mis ideas en la práctica, las frustraciones y las hostias fueron constantes, incluso procedentes de, hipotéticamente, mis propias filas. Fue así, poco a poco, como llegó el cambio de paradigma: dejé de interesarme por estas cosas y empecé a obsesionarme con la adaptación propia (“sin renunciar a ciertos principios”, me decía cuando aún creía que eso era posible) a la sociedad en la que había nacido y que se me decía una y otra vez que no quería comprender por capricho.

Había calado en mí, en una etapa de obvia confusión en la que parecía que absolutamente nada se sostenía en pie, que todo aquello que me había pasado era porque no era lo suficientemente bueno, no me había adaptado y había tenido grandes e importantísimos agujeros en mi “percepción” de la realidad. Y con esa nueva percepción empecé a “entender” que hay que ser más "hombre" porque eso es lo que hace que transmitas competencia y atraigas a las señoritas, que hay que estar delgado y fuerte, que hay que esforzarse y tener tu propia marca y aparentar seguridad y saber venderse y ser un empresario de uno mismo y mil milongas más.

Aún no entiendo cómo podía pensar que tratar de cambiar totalmente mi actitud para adaptarla a unos principios machistas como el modelo del hombre fuerte y distante, individualistas como que es simplemente cosa del esfuerzo propio “llegar a algo” y capitalistas como la oferta de uno mismo como producto mediante el marketing personal (es decir, recurrir a la apariencia en vez de a la autenticidad) no eran tirar todos mis principios a la basura. ¿Pero qué otra opción tenía, si no? ¿Seguir dándome de cabezazos contra el muro de la sociedad y ver cómo se me negaban una a una ciertas oportunidades? Estaba demasiado claro, sobre todo cuando pesaba bastante más que ahora, que estaba un peldaño por debajo en la "escala social" como para que cualquier simio posesivo, superficial, egoísta y en más de una ocasión descaradamente machista pasara por delante de mí en relaciones con chicas. Era demasiado evidente que la gente solía menospreciarme de entrada y tenía que ganarme “mi lugar” mediante el esfuerzo y la paciencia, y eso si ocurría el milagro de tener la oportunidad. Era tan sistemático que solo podía haber una explicación, y esa explicación también parecía ser un por qué a aquellas cosas que había escrito antaño desde una óptica soñadora y que no solo no parecían cambiar sino que iban cada vez a peor. 

Y aquella fue la temporada de los “por naturaleza”. El ser humano es egoísta por naturaleza, y como mucho puede aspirar al bien común a través de él. Las mujeres y los hombres buscamos esto y lo otro por naturaleza. Solo los más aptos sobreviven por naturaleza. Nos fijamos en lo superficial por naturaleza. Tendemos a elegir a las personas fuertes, aunque éstas carezcan de una pizca de empatía e inteligencia, porque buscamos "líderes" por naturaleza. Somos seres conflictivos y primarios por naturaleza. 

Evidentemente solo es cuestión de tiempo y experiencia que todos estos supuestos, aunque constantemente presentes en la mente colectiva y en la vida social, se desmoronen aunque sea simplemente al ver que a largo plazo nunca funcionan. Las negociaciones entre egoístas tenderán a la ruptura justo un instante después de que los intereses de las partes cambien. Las mujeres que buscan a un hombre fuerte al que admirar y situar por encima de ellas terminarán terriblemente rotas y dependientes. La capacidad para sobrevivir depende de tantos factores, y hay tantas formas diferentes tanto de vivir como de palmarla, que hablar de supervivencia del más apto es más una cuestión de fe que de ciencia. Las personas superficiales viven esclavizadas por la obsesión en su propia apariencia. Hay y ha habido a lo largo de la historia (en este país especialmente) auténticos idiotas en la cumbre, y muchísimas personas extraordinarias que han muerto en cualquier cuneta. Para ser tan conflictivos y primarios, nuestra especie de monos calvos y enclenques ha sobrevivido tantos años gracias a que hubo gente que no se conformó simplemente con robarle la comida al otro a garrotazos. 

Así que, si no es por naturaleza, ¿por qué nada cambia? ¿Por qué la realidad se empeña en llevarme la contraria y repetir en mi cara los mismos moldes y patrones de conducta una y otra vez? ¿Cuál es el origen del conflicto del que hablaba hace ya tanto tiempo? Si descartamos (al menos, prudentemente, como factor decisivo) lo natural, tendremos que poner la vista en lo adquirido. Es decir, en la cultura.

¿Y qué es la cultura? La cultura no es más que una guía perceptiva de la realidad. 

Si la cultura te bombardea con la apariencia física, te fijarás en ello como norma y la buscarás por encima de cualquier otra característica. Si la cultura te dice que el amor se encuentra en el concepto de relación seria, no verás amor posible a no ser que estés dentro de una o pases de ésta a otra. Si triunfar en la vida es tener dinero, calcularás el éxito personal de cada individuo por sus adquisiciones materiales y la cantidad de pasta que se lleva, obviando para qué utiliza y de dónde proviene esa “riqueza” simbólica. Si la cultura te dice que solo con esforzarte llegarás a algo, no vas a pararte a analizar que este es un sistema económico (ya no digo político, porque la imbecilidad del nuestro está fuera de toda duda) completamente demencial, sujeto al azar y los impulsos egoístas de una élite apoltronada que juega al Monopoly con las vidas de la gente porque han sido educados (de nuevo la cultura) para ello.

Ni te fijarás en que son éstos los que cuentan con las herramientas para filtrarte su propia imbecilidad a través de radio, televisión, cine, publicidad, prensa y discursos políticos, fuentes primarias de la susodicha cultura. No hablemos ya de que serán estas ideas las que en demasiados casos determinarán tus oportunidades tanto vitales como laborales, según cómo haya funcionado tu vida y en base a tus pintas, y si como buen corderito has interiorizado la actitud de saber venderte y de venderte por completo.

¿Sigo esperando lo imposible? 

Lo imposible es conformarse con esta mediocridad. Tenemos la capacidad de ser mejores, y sí, la tenemos por naturaleza. Toca ver si seremos capaces de conseguirlo enfocando nuestra percepción en las cosas que de verdad importan. 

Y así es como, de repente, creo que ya sé de qué quiero escribir en este blog.